Acerca de la modernidad

 

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Acerca de la modernidad.

 

¿La modernidad dice usted? Ahh, pues qué preguntas son esas.

Debería mejor ponerse a estudiar la Biblia. Porque, de qué le sirve al hombre ganar la tierra y tener aquí mucho dinero, conocimientos y esas cosas, si pierde el cielo y pierde su alma… Pero bueno, voy a tratar de ayudarla en su investigación sobre la modernidad. Déjeme platicarle, yo nací en el año veinte del siglo veinte. A que no sabe cuándo fue eso, pues fue en 1920.

 

En la casa teníamos dos piezas, dormíamos en un petate, de un lado todas las mujeres y del otro, todos los hombres. En total éramos ocho: cinco y tres. Mi mamá y mi papá dormían allá alejados, cerca del fogón. Yo fui la más chica de todos, me acuerdo que las mujeres trabajaban en la cocina ayudando en las labores del hogar mientras los hombres se iban al campo. Comíamos siempre juntos, ahí, lo que había lo compartíamos, tortillas con chile, tostaditas con frijoles, lo que hubiera. En esos tiempos, como ya le dije los hombres trabajaban el campo y a la mesa nos sentábamos todos juntos, hoy el campo está abandonado, los hombres se han ido para el norte y ya nadie come en familia, eso es lo que ha hecho la modernidad.

 

Pero le sigo contando, cuando pasó lo de la guerra cristera y andaban persiguiendo y matando a los sacerdotes, mi papá nos escondió en una cueva porque decía que los soldados se robaban a las muchachas, ya después cuando volvieron a abrir los templos y los conventos, me mandaron al convento para que me hiciera monja. Ahí aprendí a leer y a escribir y a decir oraciones en latín. ¿Usted sabe latín? Ya después el sacerdote vio que yo no tenía vocación y me mandaron de regreso al pueblo.

 

Estaba ya en el pueblo, cuando el padre de la parroquia me dijo que porqué no ponía una escuela y entonces pusimos la primer escuelita del pueblo y ya era yo la maestra. Eso fue la modernidad. Enseñaba a niños y a grandes, y a los más chicos también les enseñaba el catecismo del padre Ripalda. ¿Usted sí lo conoce, verdad? Fue el que estudió cuando hizo su primera comunión. Pero bueno, eso estuvo así hasta que llegó el gobierno diciendo que ya ellos se iban a hacer cargo de la escuela.

 

Ya después me vine para la ciudad, muy diferente la vida aquí, pero uno se acostumbra poco a  poco. La ciudad era muy moderna comparada con el rancho, había camiones en lugar de burros, había avenidas en lugar de veredas, había hasta luz, en lugar de nuestras veladoras y además, se podían ver las telenovelas. Al cine no podía ir una mujer sola, no era bien visto. Aquí tuve a mis hijos y a mi marido, y mi marido a sus otros hijos y a su otra esposa.

 

¿Cómo dice usted? ¿Divorcio? ¿Qué ideas son esas? ¿Y dice que ahora hay “divorcio exprés”? ¿Cómo cree que me iba a divorciar? Sí era mi marido, la cruz con que debía cargar. Sí la mujer está para obedecer al hombre. ¡Muchachita con esas ideas usted no va a encontrar marido, eso lo inventaron con la supuesta modernidad pero es pecado!

 

Bueno, bueno, le sigo contando. Las ideas de la gente de la ciudad eran muy modernas, las muchachas querían andar zanconas y eso sí que no estaba bien, porque una mujer decente debía usar la falda debajo de la rodilla y no cómo aquí las usaban, pero ahora están peor, yo me espantó cada vez que las veo y pienso, ya mejor que no se pongan nada, si así ya parecen diablos.

 

Me pregunta usted sobre el voto. Sí, un día las mujeres pudimos votar y eso también fue parte de la modernidad. Yo desde que he podido votar, siempre lo he hecho por el PAN porque es el único partido católico y ahora hay unos que están hasta a favor del aborto, cuando eso es pecado. ¿Usted cree que yo voy a votar por esos?

 

 

Me pregunta usted que cómo está el pueblo ahora. ¿Qué le digo? El gobierno ha construido carreteras, las casas ya son de tabique, ya casi no hay siembras, mis hermanas siguen usando el fogón, pero ahora tienen a un lado un refrigerador, eso sí que es modernidad.

 

Que, qué hago yo ahora. Observo, sólo observo, ahora mis nietas, andan con el teléfono pegado en la oreja todo el día, también se meten unos tapones a las orejas dizque para escuchar música, pero yo digo que hoy la gente ya no escucha. Se pasan horas y horas frente a la computadora, y yo ya no entiendo qué tanto ven ahí. Pienso que son inventos del diablo para que la gente ya no vaya a misa. ¿Usted va a misa?

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