Mito, rito y religión en la construcción de los sistemas jurídicos
Mito, rito y religión en la construcción de los sistemas jurídicos.
El mito[1] es la narración maravillosa situada fuera del tiempo histórico y protagonizada por personajes de carácter divino o heroico. Con frecuencia interpreta el origen del mundo o grandes acontecimientos de la humanidad.
Se trata también de una historia ficticia o personaje que condensa alguna realidad humana de significación universal o a la que se le atribuyen cualidades o excelencias que no tienen, o bien una realidad de la que carecen.
¿Porqué los mitos? El hombre desde sus orígenes ha tenido la necesidad de entender su realidad. Asimismo, ha buscado la forma de explicarse la existencia de ciertos fenómenos como la vida, la muerte y la naturaleza en general. En esa búsqueda de explicaciones, ha creado una forma de interpretar el mundo y de explicarlo, de esta forma surge el mito.
El mito es una “verdad” compartida, un conocimiento objetivado de la realidad, que permitió al hombre primitivo aminorar los sentimientos de miedo, vulnerabilidad y fragilidad.
Es a través del rito[2] que se hace posible preservar y transmitir una verdad común, la que es revelada y explicada mediante el conocimiento del mito. En este sentido, se crean ciertas costumbres o ceremonias, se alude a cierto conjunto de reglas establecidas para el culto y las ceremonias.
El rito da estructura al mito, lo mantiene vivo y da sentido de trascendencia a aquellos hombres que lo comparten. En esta reiteración de ciertas costumbres, ceremonias y reglas se establecen vínculos que garantizan la supervivencia y la trascendencia.
En un primer momento, es a través del “tótem”[3] (objeto de la naturaleza, generalmente un animal, que en la mitología de algunas sociedades se toma como emblema protector de la tribu o del individuo, y a veces como ascendiente o progenitor) y del “tabú”[4] (condición de las personas, instituciones y cosas a las que no es lícito censurar o mencionar; prohibición de comer o tocar algún objeto, impuesta a sus adeptos por algunas religiones de la Polinesia) que se imprime cierta axiología a la sociedad.
Así, se exige un comportamiento con base en una construcción valorativa del bien y del mal. Se funciona mediante el “premio” y el “castigo”, para ello se establece un sistema de vigilancia, de control.
Hay un lazo o liga a través del “tótem” y mediante la aceptación de ciertos dogmas o “tabúes”, se establece un vínculo representacional, que permite crear certeza y avanzar hacia la creación de una civilización y con ello, a la búsqueda de la razón.
La primera construcción social que nos da certeza y que nos permite estar juntos y religados es Dios o bien la ida de que existe algo sagrado, trascendente e inmanente.
La religión[5] se convierte en un vehículo de unión, de identidad, que permite regular a la sociedad mediante un conjunto de creencias o dogmas acerca de la divinidad, de sentimientos de veneración y temor hacia ella, de normas morales para la conducta individual y social y de prácticas rituales, principalmente la oración y el sacrificio para darle culto.
La evolución de los politeísmos hacía los monoteísmos va aparejada con el proceso de entendimiento por parte del hombre de las circunstancias que lo rodean, ya no se hace necesario la existencia de un dios para cada fenómeno de la naturaleza, todo va teniendo una explicación más o menos racional, sin embargo Dios continua siendo una verdad absoluta, incuestionable.
Después de la religión y la moral, el siguiente sistema de control social es el Derecho. Sin embargo, su creación no está alejada del mito, del rito, del tótem y del tabú, es la preservación de estos y en muchos sentidos es la continuación de dogmas religiosos que carecen de todo sustento de racionalidad.
Giorgio del Vecchio[6] ha afirmado que “la evolución jurídica representa el paso de la elaboración espontánea, instintiva e inconsciente (o semiinconsciente) a la elaboración deliberada, reflexiva y consciente. El derecho nace de manera espontánea casi como un producto orgánico, sin ser precedido por una deliberación consciente”.
Si como lo afirma Giorgio del Vecchio, la evolución de los sistemas jurídicos, ha ocurrido de esa forma espontánea, instintiva e inconsciente, habría que revisar nuestros conceptos jurídicos fundamentales, nuestras instituciones, las verdades que hemos aprendido, creído y transmitido por siglos, para recorrer el velo que cubre de formalismo y sacralidad a los mitos y ritos que los mantienen, con la finalidad de dotar de racionalidad al sistema de control social llamado Derecho.

