Del panóptico a los sistemas de videovigilancia

 

Del panóptico a los sistemas de video-vigilancia

 

 

                                     

     “El ojo de Horus que todo lo ve”             “El ojo de Dios que todo lo ve”                            El panóptico

 

 

El panóptico es un sistema de vigilancia social que tiene que ver con la idea del que todo lo ve. Su concepción es atribuible a Jeremy Bentham, pensador inglés (1748-1832). Su diseño arquitectónico consta de una construcción en forma de anillo, en el centro una torre con amplias ventanas con vista al interior del anillo. Alrededor de la torre, amplias celdas con dos ventanas, una que da al interior de la celda y otra al exterior de la misma, para que con el efecto  de la luz del exterior, se permita mayor visibilidad a la persona que vigila desde la torre. De esta forma, el encerrado es vigilado de forma permanente sin que él posea una visión completa del lugar en el que se encuentra.

 

Para Michel Foucault[1], el mayor efecto del panóptico es inducir en el detenido un estado consciente y permanente de visibilidad que garantiza el funcionamiento automático del poder, lo esencial es que se sepa vigilado, sin necesidad de serlo efectivamente.

 

El detenido no sabe si realmente es vigilado pero la sola posibilidad de serlo y de que su actuación pueda ser verificada por el vigilante lo obliga a actuar conforme a las reglas. De tal forma que no sólo es vigilado sino autovigilado.

 

El éxito del panóptico como modelo de vigilancia y de castigo, lo llevó a ser implementado en fábricas, hospitales, cuarteles y escuelas, con ello el panóptico evoluciona de mera estructura arquitectónica de prisión a arquitectura del cuerpo y de la mente.

 

Es a través de la disciplina y del castigo, como se interioriza en el individuo el discurso del poder, de lo bueno y de lo malo, lo normal y lo anormal, se trata de una cuadriculación social de la cual no es posible divorciarse.

 

¿Cómo pasamos del panóptico a los sistemas de videovigilancia? George Orwell, escritor indio-inglés (1903-1950) a manera de ficción, ya adelantaba en su obra 1984, que en el futuro las sociedades podrían estar vigiladas por una telepantalla, desde la cual fuera posible ejercer el control social.

 

Orwell plantea un mundo saturado de telepantallas, con vigilancia hasta en el dormitorio, sin el menor espacio para la privacidad. El Gran Hermano observando constantemente, dispuesto a castigar cualquier desviación de las reglas existentes. La justificación desde el poder de tan extrema vigilancia, está dada por  la necesidad de mantener la disciplina, el orden y la lucha contra el enemigo.

 

En un Estado totalitario como el que sugiere Orwell, la vigilancia es utilizada para proteger pero también para controlar al individuo, existe un doble discurso.

 

La ficción orwelliana alcanzó a la realidad, el panóptico de Bentham se ha modernizado, hoy en día luego del atentado terrorista de las torres gemelas de Nueva York, ocurrido el 11 de septiembre de 2001, se han venido desarrollando los más sofisticados sistemas de vigilancia: “circuito cerrado de televisión (CCTV), programas de reconocimiento facial, sensores de proximidad, detectores de movimiento, cámaras infrarrojas, cámaras robots, secuenciadores de video, sensores de humo, contactos magnéticos, cámaras de intemperie con radiofrecuencia, cámaras de baja iluminación con cobertura de hasta 120 m. en total obscuridad, de interiores visibles u ocultas, cámaras acuáticas, criptografía, red de inteligencia ECHELON (de Jam Echelon) y ENFOPOL (redes norteamericana y europea respectivamente, dedicadas interceptar y detectar emisiones electrónicas y digitales, conversaciones telefónicas, e-mail y sms, tanto públicas como privadas), espacio Shengen (espacio de vigilancia y seguridad creado para control migratorio e inmigratorio en Europa), CARNIVORE (herramienta de espionaje del FBI).[2]

 

La vigilancia es legitimada por el poder desde el discurso de la lucha contra la inseguridad, sin importar el detrimento de la privacidad. Somos observados y grabados por cámaras de video en el metro, en las avenidas, en los bancos, en los cajeros, en las escuelas, en los centros comerciales, en el aeropuerto, en los elevadores, en los edificios públicos, etc.

 

¿Quién vigila al que vigila? Más allá de que en México no existe una adecuada regulación de los sistemas de videovigilancia, y de que con ella se vulneran derechos fundamentales, lo cierto es que no es instalando cámaras como se logrará erradicar la inseguridad,  en mi opinión, es atacando las causas de la desigualdad social y atendiendo a la educación como esto puede ser posible.

 

Me preocupa hasta dónde estamos dispuestos a ceder nuestra libertad en aras de una falsa “seguridad”. En la actualidad, estamos atribuyendo a lugares comunes, la expresión de “máxima seguridad”, cuando hasta hace algunos años, ese adjetivo sólo era utilizado para referirse a las prisiones.

 

A manera de colofón quiero mencionar que Bentham continua vigilando desde una vitrina, ya que fue su deseo que su esqueleto con una cabeza de cera, permaneciera presente en la sala del consejo académico de la University College de Londres, del cual formó parte.

 



[1] Foucault, Michel. Vigilar y castigar, el nacimiento de la prisión. Siglo Veintiuno, España, 1997, 26 edición, p. 204-205.

[2] http://www.razonypalabra.org.mx/anteriores/n31/jbanuelos.html

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