Migración: del sueño a la realidad.
Migración: del sueño a la realidad.
Don Pedro es un hombre de 50 años, su cuerpo denota el cansancio de toda una vida de trabajo, en su tez morena se observan las arrugas de la experiencia y su ceño se frunce cada vez que recuerda o platica sus sufrimientos al cruzar la frontera mexicana buscando alcanzar el sueño americano.
Don Pedro es pintor de brocha gorda, lo observo mientras se seca el sudor de la frente con un paliacate, permanece sentado sobre un bote de pintura bajo la sombra de un árbol. Su mirada se pierde en las múltiples manchas de pintura que cubren sus zapatos, da un largo trago a su coca antes de comenzar éste relato:
- Hace 20 años llegué aquí por primera vez, tenía ya esposa e hijos que mantener, el dinero nada más no me alcanzaba para nada. Así que deje a mi familia para venir a los Estados Unidos. En este tiempo he entrado y salido de forma ilegal, unas 8 veces, más dos que me han regresado y en una sí me detuvieron, pero hasta eso que aquí hay algunos dizque grupos que lo ayudan a uno.
Tengo como 4 o 5 años que no regreso a México, ahora está más difícil la situación para ir y regresar de vuelta a trabajar aquí, es más caro y peligroso y pues ya no soy tan joven para andarme arriesgando.
Sólo una vez me agarró migración, y haga de cuenta que se lo llevan a uno así, con lo que trae puesto y ni chance nos dan de recoger nuestras cosas, eso sí, a mí migración no me trató mal. Lo malo es que cuando uno vuelve a entrar a Estados Unidos, ya los compañeros le robaron a uno todo lo que pudieron.
¿Lo peor que me ha sucedido como migrante ilegal? No sé, han sido muchas cosas. Una vez el pollero se perdió en el monte, caminamos 8 días seguidos, 5 más de los que nos habían dicho. Nos quedamos sin comida, sin agua y el sol y el frío ya nos tenían molidos, usted no sabe lo extremosas que son estas temperaturas, en mi pueblo hace calor pero no tan seco como aquí, yo soy de Papantla, Veracruz.
El caso, es que nos dijo el pollero que no prendiéramos fogatas ni nada de eso porque si lo hacíamos era más fácil que nos cayera la migra o los “farmers”. Cuando peor nos sentíamos, cruzamos un rancho y que comienzan a ladrar unos perros, de pronto escuchamos balazos y luego, luego que nos echamos a correr. Corrimos y corrimos hasta que sentimos que estábamos seguros, en esos casos, si alguien se queda, pues ya se amoló porque nadie regresa por él.
Por fin llegamos a nuestro destino, ya traía yo los tenis bien rotos de tanto caminar y con unas ampollotas que para que le cuento, con decirle que la esposa de mi compadre nada más de verlas se puso a llorar, además hágase de cuenta que parecía Jesús y su corona de espinas, traía espinas por todo el cuerpo, en la carrera y con el miedo ni cuenta me di de los matorrales con espinas ni de los nopales que roce en el camino.
Tarde una semana en volver a caminar y todavía me sale de vez en cuando una que otra espina enterrada. Esa vez sí sentí que me moría...
¡No, si le digo a que aquí se sufre mucho y uno ve muchas cosas! Mi primo cruzó la frontera por el río Bravo, en una llanta porque no sabe nadar, pero el río estaba bien crecido y la corriente se lo llevó, quien sabe hasta dónde fue a dar, pero también ya está aquí chambeando.
Aquí un compita hondureño estaba chille y chille hace unos días, su mujer dejo a sus hijos con su suegra pa´ venir a alcanzarlo y en el camino que la bajan de un camión los federales por ahí por Oaxaca, y luego, luego que la violan y la golpean, además de robarle su dinero. Ahí como pudo la pobre mujer, logró comunicarse con su marido y decirle lo que le había ocurrido, él compa habló con nosotros pa´que su mujer se quedará en la casa de la familia de alguno de nosotros que fuera a recogerla y pos ya hubo quien la apoyará pero dicen que en México también eso es delito, pos quien sabe, pero ya la señora por fin ya está acá, namas que ahora la pobre anda sufriendo porque lleva trabajando ya algunos días y creo que su patrona no le paga y pus aquí uno, dígame usted, dónde se queja uno.
No, si le digo que sí se sufre, ya aquí hay que cuidarse de la migra, de los bolillos racistas -aquí les decimos así a los gringos-, y pos también de los mismos compañeros porque nada más te distrais tantito y lueguito te roban algo, pero yo a los que más miedo le tengo es a los negros, porque esos si lo andan matando a uno, y ya ve que ahora está peor porque hasta un negro es presidente.
Mi chamaco el más chico tiene 20 años, los mismos que yo llevó andando por acá, yo le digo que estudie pa´ que no tenga que trabajar como yo. Y pos aquí estamos… sobreviviendo.



