De los estados del conocimiento
De los estados del conocimiento
El libro de Funky Businnes dice que el conocimiento al igual que algunas materias primas, se encuentra básicamente en tres estados: gaseoso, líquido y sólido. El estado gaseoso es cuando la idea solo está en nuestra mente, el líquido cuando esa idea la compartimos con alguien y sólido cuando se convierte en una oferta comercial. Y mientras más sólido más dinero nos permite ganar.
¿Qué nos impide transformar ese conocimiento de estado gaseoso a sólido? El profesor Arce decía en clase, que es el miedo principalmente lo que nos impide hacerlo y creo que tiene razón; en otra ocasión también dijo que son más las limitantes que nos auto-imponemos que las que alguien más nos puede imponer.
Con independencia de que nos interesen o no los negocios, alguna vez se han puesto a pensar en toda la cantidad de ideas, sueños y proyectos que se van quedando simplemente estacionados en nuestra mente. No sé ustedes pero por lo menos yo sí he dejado varios.
Por ejemplo, siempre pensé que me habría gustado tener el talento para escribir novela, cuento o poesía, pocas veces intenté escribir algo pero cuando lo hacía mis intentos de creatividad terminaban destrozados por mi autocrítica. Hasta hace poco nunca había exteriorizado mi intención de escribir y mucho menos lo había considerado como un sueño que pudiera cumplir, así que en éste punto podría decir que ya voy por lo menos en la etapa líquida.
En otra ocasión, considerando que no había cosa más universal que la estupidez humana, ya que lo mismo se encuentra en la iniciativa privada que en el gobierno, en mandos bajos, medios o altos, en todas las clases sociales y razas sin respetar géneros y que además se puede presentar de vez en cuando en cualquiera como si se tratase de una gripe y en otros instalarse de forma permanente; decidí firmemente que quería emanciparme de un jefe que tenía instalada de forma permanente su buena dosis de estupidez humana.
Así que con la idea de obtener cierta “independencia laboral”, me interesé en conseguir una franquicia de “Café el Jarocho”, todos lo deben conocer, su sucursal más famosa está en Coyoacán. Pensé en ellos porque además de que soy adicta al café, consideré que era un producto bueno, nacional y más económico que su competencia, además de que no cuentan con sucursales en el norte de la ciudad. Después de un poco de insistencia, por fin pude hablar con una de las dueñas, le dije cual era mi intención pero su respuesta fue tajante: no había franquicias porque se trataba de un negocio familiar y su regla era no aceptar gente extraña a la familia. Persevere en mi intento diciéndole que me parecía que su negocio debía crecer, le mostré los beneficios que podía obtener, etc., etc., pero ninguno de mis argumentos la convenció, finalmente antes de retirarme le pregunte que con quien me tenía que casar para formar parte de la familia… era broma.
Éste proyecto se quedo en etapa líquida y aparentemente de ahí no paso.
Me parece importante que retomemos nuestras ideas, sueños y proyectos, por más absurdos que a veces nos parezcan, con un poco de tenacidad podemos solidificarlos y quien sabe pero a lo mejor en una de esas, hasta se conviertan en una oferta comercial.


